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domingo, 14 de febrero de 2016

Febrero, temporada baja.

   El período comprendido desde principios de Febrero hasta mediados o finales de Marzo suele ser muy pobre desde el punto de vista ornitológico por aquí. Y este fin de semana hizo honor a su fama; en parte debido a lo desapacible del clima, algo a lo que ya estamos acostumbrados, pero en esta ocasión también por las pleamares, inusualmente fuertes. Porque la conjunción de la fase lunar con unas precipitaciones muy intensas provocaron unas crecidas espectaculares, tanto en la laguna de Valdoviño como en la ría de Ortigueira.

 Canal de la laguna de Valdoviño, con entrada masiva de agua marina durante la pleamar
 
    Y es que ayer visitaba la laguna para acompañar a dos jóvenes naturalistas llegados del sur para el RARO y que aprovecharon la visita para conocer la zona: Cristian Osorio y Miguel Rodríguez.
Lamentablemente se llevarían una imagen un poco triste de la zona pues la laguna estaba altísima de nivel, la ría también y además quedarían hasta el culo de lluvia los pobres (son de secano y no están acostumbrados). Pero fué un placer poder conocer personalmente a estos dos fenómenos, que pertenecen a la nueva hornada de naturalistas ibéricos. Una generación que está mucho más preparada que la mía y que siempre te deja atónito por el enorme conocimiento que ya tienen en diferentes campos, sean herpetos, odonatos, aves o mariposas. Y dos chavales estupendos además.

  De aves observadas, pues poco que comentar. Al final fué más visita turística que otra cosa. Como digo las condiciones fueron horrorosas.




  El Domingo estuve un rato con ellos en Ortigueira y cuando se marcharon a Burela decidí quedarme en la ría hasta que bajase la marea. Grave error, porque entonces empezó lo peor climatológicamente hablando: tormentas y un viento tal que ya ni apetecía salir del coche.


   En fin, éste sería de esos fines de semana en los que te preguntas por qué demonios no te habrás quedado en casita al abrigo de la calefacción o aprovechado para salir a tomar algo con los colegas. Pero haber conocido a estos dos jóvenes pero enormes naturalistas como son Miguel y Cristian justificó las salidas. Y ahora, a esperar la Primavera.

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