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domingo, 30 de julio de 2017

Una historia con final triste

    Este año la pareja de gaviotas patiamarillas que cría delante de mi piso ha tenido sólo dos pollos (lo normal son tres). El otro día, después de considerar el cambio en el comportamiento de nuestras gaviotas urbanas, decidía empezar a darles de comer algunas sobras por aquello de reciclar y por ayudar en el desarrollo de los dos pequeñajos (que mi madre bautizó como "os pitos"). Unas sobras que los padres recogían inmediatamente para llevar a los pollos. Estoy incluso desarrollando un par de signos visuales y sonoros para que distingan mi "reclamo" de aporte de comida. Se han convertido casi en mis gallinas (un ave doméstica que en la aldea come un poco de todo).

 Pollo volantón de Gaviota patiamarilla (Larus michahellis)

  Otra pareja vecina tuvo tres crías, el número que "marca la ley".


   En esta fase de crecimiento los jóvenes ensayan constantemente el despegue y el aterrizaje. La actividad en la colonia urbana es ahora máxima, con aleteos de entrenamiento, pequeños vuelos entre los tejados o por encima de los edificios y reclamos de los jóvenes pidiendo de comer a todas horas.


  El problema es que esta fase es muy peligrosa para las jóvenes gaviotas debido a la territorialidad y hostilidad de otros adultos. Ya he visto muchos ataques con resultado de muerte a jóvenes volantones que se metieron donde no debían. Una de las parejas que crían en mi barrio perdió los pollos el año pasado precisamente por un ataque de otro adulto en un momento en que quedaron sólos.


    Y anteayer presencié una escena tremenda, aunque no me dió tiempo a captarla con la cámara. Uno de los dos pollos de mis vecinas realizaba un vuelo alto sobre la manzana cuando apareció de la nada una gaviota adulta que empezó a acosarla de manera furiosa. Esta imagen es un poco engañosa (hasta parece que va delante el adulto) pero la situación fué de enorme violencia, con el adulto volando detrás del inexperto volantón que casi no daba maniobrado.

Gaviota adulta acosa juvenil de otra pareja

  Sin darse cuenta el pollo se alejó hasta perderse sobre una de las vías de acceso a la ciudad y ya no volvió. Lo más probable es que, desorientada o herida, se posara en algún lugar de la calzada y que acabase bajo las ruedas de un coche, pues la muerte por atropello es una amenaza que acaba con muchos pollos en las colonias urbanas. O simplemente se perdió y no ha encontrado el camino de retorno, aunque mi experiencia en años anteriores me dice que lo suelen encontrar fácilmente (una de ellas volvió por Septiembre parar recibir las últimas cebas de sus padres el año pasado).
 
  En fin, historias cotidianas que demuestran que la Naturaleza es bella pero también cruel.

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