Como anunciaba el pronóstico, la lluvia ha sido breve y ha vuelto el tiempo seco a Ferrol. Al menos ha servido para limpiar un poco las aceras de toda la mierda y los meos que a diario depositan los cientos de perros de mi barrrio. Porque en algunos sitios el hedor era ya insoportable. Por no hablar de los daños a señales de tráfico, bolardos, papeleras, farolas, semáforos, etc (daños que ya pagamos después con nuestros impuestos los ciudadanos normales, que para eso somos las víctimas).
Esta tarde acudía a un conocido supermercado del barrio y al entrar me encontraba a una mujer que me preguntaba "¿te gustan los animales?" Yo no había visto aún el cajón que había en la entrada pero de inmediato supe a qué se refería.
Obviamente era una animalista de una protectora local. Me mordí la lengua y en vez de decirle lo que pienso (dormiría en prisión esta misma noche) le respondí: "No. Me gusta la naturaleza", añadiendo que lo que no me gustaban eran las mascotas o, mejor dicho, los mascotistas.
Por otra parte, todos los propietarios caninos acaban comportándose igual. Incluso los "pajareros". Al principio parece que cumplen las normas, pero con el tiempo acaban comprobando que nadie les va a llamar la atención y acaban por soltar al perro en la calle o incluso llevarlo a los espacios naturales mientras pajarean (con un par!) Una actitud que para mí determina un línea roja y por eso he cortado toda relación con algunos de ellos. Supongo que a esa gente también les gustan los animales. A mí, como he dicho antes, me gusta la Naturaleza.
Y recordad que vuestro silencio ante este problema no es neutralidad. Es complicidad.


Boas Xabi. O animalismo é efectivamente un problema ambiental e hai moita xente consciente disto. E de igualar silencio e complicidade non estou dacordo. Penso que hai unha escala de grises, isto é, distintos niveis e momentos de compromiso. Discutímolo en detalle se queres. Apertas! Damián
ResponderEliminarBen, non pensaba tanto no tema medioambiental (non hai nada que facer aí), senón na convivencia cada día máis imposible no barrio onde vivo.
EliminarXa evito os bares e terrazas, pero sempre quedas para tomar algo con alguén e o dos cans dentro é a mostra do silencio cómplice ao que, nestes casos, me refiro. Caso típico: unha loca cun pequinés ladrando sen parar molestando á mesa do lado, onde a xente pon caras de disgusto pero ninguén lle di nada. Ou "O Pastor", un fulano alto (e hindú, por certo) que entra nos bares con dous cans enormes que parecen ovellas. Tanto el coma os cans parecen ter problemas evidentes coa hixiene e resulta realmente desagradable velos entrar para pedir na barra mentras as "ovellas" se van rozando cos clientes ou mesmo entrando OS TRES no pequeno cuarto de baño do bar. E, tamén, ves caras de disgusto, algúns ojipláticos e murmurando entre eles pero ninguén di nada aos propietarios dos establecimentos. Por suposto eu si falo cos donos e mesmo teño marchado de bares amosando o meu enfado. Se todos os fixésemos seguro que non sería o mesmo.
Non se trata de chamarlle a atención a un quinqui que leva un pitbull solto (igual aínda acabas no hospital) ou de largar un mitin semanal desde unha tribuna pública, senón de algo tan sinxelo como levantar a voz para que esa peste non o teña tan doado.