Lo reconozco, tengo debilidad por los zorzales reales. Junto al escribano nival y al silbón, son de las especies que más ganas tengo de volver a ver en cada invernada. Por eso, cuando vi que habían entrado grupos nutridos en los últimos días y que mi amigo Pablo Vázquez los pudo ver en la Serra do Forgoselo, tuvimos que hacer una expedición a ver si veíamos un grupo numeroso.
El primer intento fue agridulce. En compañía de Pablo fuimos temprano hacia la zona del curro, con algo de niebla y lluvia constante, pero los encontramos. Un grupo de 40-50 ejemplares en los campos cercanos al camino. Digo agridulce porque, aunque estaban, la lluvia era un engorro, la luz pobre y pronto unos coches levantaron a la bandada, por lo que nos quedamos con las ganas. Lo volvimos a intentar una segunda vez a la tarde, pero encontramos poco más de unos pocos ejemplares a lo lejos, en la zona del parque eólico..
No pude más que sonreír cuando
los localicé en unos árboles colindantes a un prado de vacas, al NE del curro.
Parecían estar muy activos, subiendo y bajando de los pinos hacia un lugar que
no daba visto. Aparqué el coche y me escabullí por un sendero (de corzos u
otros animales diría) entre silvas y toxos. Haciendo un poco de campo a
través fui capaz de acercarme a la arboleda, sin molestarlos al parecer.
Parecía que no era capaz de verlos bien sin aproximarme más (no me atreví, por
miedo a asustarlos) pero justo había un hueco en el muro de piedra vallado que
me permitió espiar.
No me esperaba lo que iba a
contemplar. Durante unos 40 minutos pude ver con todo lujo de detalles, a unos
15-20 metros, a nuestros amigos alimentándose en un árbol frutal. No parecieron
reparar en mi presencia, agachado como me encontraba. Sospecho que, como
de costumbre, sabían que estaba, pero decidieron que no suponía un peligro.
Los reales tienden a ser bastante caprichosos por mi experiencia. Para nada confiados y, dada la época en que llegan, difíciles de ver en condiciones decentes. Fue algo maravilloso poder verlos alimentándose e interactuando entre si tan cerca de mí. Sus “risotadas” y sonidos son de lo más placentero de oír. También es muy interesante ver como el color de cada ejemplar es distinto, siendo algunos muy grises y otros de un rojo casi escarlata en el pecho. Supongo que esto se debe a diferencias de edad entre ejemplares, no llego a tanto de momento...
Pero no acababa ahí. Pronto descubrí zorzales alirrojos, más difíciles de ver pero presentes, en las ramas bajas del árbol. Tampoco faltaron los zorzales charlos a la cita, lo que me permitió también apreciarlos a muy poca distancia para lo que suelen acostumbrar..
Mirlos, zorzales comunes, un par
de machos de camachuelos, capirotadas... fue algo digno de ver. Recuerdaba a los
documentales de los trópicos, donde una higuera reúne una gran cantidad de
especies diferentes. Sólo que a 30 minutos de casa.
Al rato acabaron yéndose,
dejándome con una experiencia que voy a tardar en olvidar. Probablemente la
mejor o de las mejores del año, y mira que fue un buen año...
Cuando marchaba en el coche pude ver a la bandada entera en los prados, estimando unos 70 ejemplares, aunque podría haber más perfectamente. Levantaron al poco de parar el vehículo, con lo que no pude contarlos decentemente. Animo a cualquiera a ojear la lista de ebird, no porque haya buenas foto pero porque creo que abre una ventana a lo que pude vivir: clica. Y por supuesto a salir y ver a estos bellos pájaros, que nunca se sabe cuántos años quedan de que nos sigan visitando.
La perla del invierno
Ya que los he mencionado dejo por aquí
una excelente observación que pude tener un par de días más tarde en la playa
de Santa Comba del que es mi paseriforme favorito.
Los escribanos nivales son una
auténtica delicia. Bonitos, confiados y no precisamente abundantes o fáciles de
ver (que siempre suma). Observar uno me alegra el mes, pero un grupo ya es lo
máximo. Esta vez no fue en una sierra, sino a pie de playa, lo que me resultó algo
chocante en comparativa con anteriores experiencias, aunque ya sabía que acostumbran
a parar o incluso invernar estas.
Poder grabarlos picoteando en una roca recién salida de la marea fue una situación de lo más curiosa desde luego. Dejo el enlace a la lista https://ebird.org/checklist/S407476963.







Precioso momento, Ángel. Enténdote perfectamente. E tremendas fotazas, duns paxaros que non son precisamente confiados (falo do charlo tamén). Mágoa non ter os RAW (que non se repita).
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