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mércores, 25 de febreiro de 2026

Un franquista menos. El día que pudo cambiarlo todo

  Hoy se ha dado una coincidencia histórica. El mismo día en que desclasificaban documentos secretos sobre el intento de golpe de estado del 23-F ha muerto el protagonista más mediático de aquel día, aunque eran otros los que lo organizaron y dirigieron.

 Aquel día yo tenía diez años y recuerdo muy poco. Sé que suspendieran las clases y volvimos para casa. En aquella época podías volver para casa sin avisar por el móvil (eso no existía) porque siempre había alguien (tu madre). Para mi generación esa fue quizá "la noticia de nuestras vidas".


  Años después, cuando me formé políticamente (muy influido por las ideas del soberanismo gallego y sobre todo del anarco-sindicalismo), entendí lo que aquel golpe pudo significar de haber tenido éxito. Conocí a militantes históricos de la izquierda que me relataron el miedo que había por las listas de objetivos políticos y sindicales. Afortunadamente el golpe fracasó.

   Hoy mis ideas son muy diferentes a las que tenía hace treinta años. Supongo que se llama experiencia, madurez o desencanto, pero creo que no hemos aprendido nada y quizá no merecemos esto que se llama "democracia". Si la izquierda española se hubiese centrado en lo que tenía que hacer estoy seguro que hoy viviríamos en una sociedad mejor. Pero han tenido que tirar todo por la borda, dando alas a los simpatizantes del protagonista de la jornada.

    Eso sí, tu perrito puede ser enterrado en un tanatorio,  tu hijo humano puede declararse "de género fluido" con 16 años sin tu consentimiento o puedes dormir en el calabozo si una vecina te denuncia por acoso aunque sea falso. Y si perteneces a determinada etnia gozas de todos los privilegios del sistema pero ninguna de sus obligaciones, como nos toca al proletariado, que se dice técnicamente.  

     Pues nada, viva la democracia, supongo. Me alegro de que fracasase aquel golpe del 23-F, que iba a devolver España a la oscura caverna franquista, pero sigo pensando que no merecemos este régimen político que podría hacer la vida mejor. Simplemente se trata de que el Estado (he dicho bien) ejerza el principio de autoridad de manera equitativa y justa. Si no, y como dice el refrán, "otros vendrán que bueno me harán". Ya lo están haciendo, de hecho.

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